Camino del Cid
Itinerario cultural europeo que recorre, en más de mil kilómetros, los escenarios reales y legendarios del Cid, desde Vivar hasta Valencia.
Hijo ilustre de Vivar
Vivar, c. 1043 — Valencia, 1099
Nacido en estas tierras hacia 1043, Rodrigo Díaz de Vivar es el héroe épico por antonomasia de la España medieval. Guerrero, diplomático y conquistador de Valencia, su figura ha trascendido siglos y fronteras.
Apodado el Cid (del árabe al-sayyid, «el señor») y el Campeador (el mejor en campo de batalla), sirvió bajo los reyes Fernando I, Sancho II y Alfonso VI de Castilla, así como bajo los reyes moros de Zaragoza.
Su gesta culminó con la conquista de Valencia en 1094, ciudad que gobernó hasta su muerte en 1099. Sus restos reposan hoy en la Catedral de Burgos.
Su vida en hitos
Rodrigo Díaz nace en Vivar, pequeña aldea del alfoz burgalés, en el seno de una familia de la baja nobleza castellana.
Educado en la corte de Fernando I junto al infante Sancho, es armado caballero y destaca pronto por su destreza en las armas.
Según una tradición muy arraigada, el Cid habría tomado juramento al rey Alfonso VI en la iglesia burgalesa de Santa Gadea para que negara haber participado en la muerte de su hermano Sancho II. Sin embargo, la historiografía moderna —incluidos los estudios de Timoteo Riaño y Carmen Gutiérrez Aja— sostiene que este episodio nunca llegó a ocurrir: no aparece en las fuentes coetáneas y se considera una leyenda elaborada a finales del siglo XIII, transmitida después por crónicas, romancero y tradición oral hasta convertirse en uno de los mitos más célebres del ciclo cidiano.
Tras una incursión no autorizada en territorio musulmán, Alfonso VI lo destierra. Comienza entonces la etapa más legendaria de su vida.
Tras un largo asedio, conquista la ciudad de Valencia, que gobernará hasta su muerte. Es el momento de mayor esplendor de su carrera.
Fallece en Valencia. Sus restos serán trasladados años después al monasterio de San Pedro de Cardeña y, posteriormente, a la Catedral de Burgos, donde reposan hoy.
Espada, caballo y leyenda
Estratega refinado y guerrero invencible, el Cid encarna el ideal del caballero medieval. Combatió tanto al servicio de reyes cristianos como musulmanes, ganándose el respeto de ambos bandos.
Su nombre quedó unido al de sus dos espadas legendarias, Tizona y Colada, ganadas en combate y celebradas en el Cantar. Su caballo, Babieca, le acompañó hasta el final de sus días.
Más allá de la batalla, fue un hábil diplomático y un gobernante respetado en la Valencia que conquistó, donde cristianos, musulmanes y judíos convivieron bajo su mando.
Poema épico
Compuesto en 1207, el Cantar de Mio Cid es el primer gran poema épico de la literatura castellana y una de las obras fundacionales de la lengua española. En sus más de tres mil setecientos versos narra las hazañas del Cid desde su destierro hasta la recuperación de su honor y la conquista de Valencia.
«De los sos ojos tan fuertemientre llorando, tornava la cabeça e estávalos catando…»
Cantar de Mio Cid, versos 1–2
Una investigación desde Vivar
Vecinos de Vivar del Cid y catedráticos en Lengua y Literatura, don Timoteo Riaño Rodríguez y su mujer doña Carmen Gutiérrez Aja dedicaron buena parte de su vida al estudio del Cantar de Mio Cid. Carmen dedicó su tesis doctoral a la paleografía del poema, y juntos llevaron a cabo una investigación de décadas por archivos, bibliotecas y monasterios.
Sus conclusiones, publicadas por la Diputación de Burgos en tres volúmenes en 1998 y recogidas en una obra póstuma coeditada por Editorial Siloé, sostienen que el autor del Cantar fue Per Abat —no un mero copista como se venía asumiendo—, un clérigo oriundo de Gumiel de Izán, canónigo de Osma y formado junto a Santo Domingo de Guzmán. Una tesis sólida, respaldada por documentos de 1219 y 1220, que ofrece una interpretación nueva al «escrivió» del éxplicit del manuscrito.
Más información en cantardemiocid.com →Mil años después
Itinerario cultural europeo que recorre, en más de mil kilómetros, los escenarios reales y legendarios del Cid, desde Vivar hasta Valencia.
Sus restos, y los de su esposa doña Jimena, reposan bajo el crucero de la Catedral de Burgos, Patrimonio de la Humanidad.
El Cantar de Mio Cid abre la épica castellana y ha inspirado a poetas, dramaturgos y novelistas desde el siglo XIII hasta hoy.
Adaptado al cine, al teatro y a la televisión, el mito del Cid sigue vivo en la imaginación colectiva nueve siglos después de su muerte.